viernes, 20 de enero de 2017

POLITICA
            Con dos años del Instituto Alfredo Vásquez Acevedo, más conocido como IAVA,  logré salir de la burbuja un poco artificial del British y me topé con un Uruguay más real, más normal y de clase media, más latino, desordenado, creativo, el Uruguay de la picardía criolla y la politización desmesurada.  Asistí asombrado a las primeras asambleas de estudiantes, las huelgas por la autonomía universitaria de 1958, mis primeras manifestaciones por 18 de Julio,  la oratoria inflamada de líderes estudiantiles sobre temas extraños o incomprensibles  para mi inocencia política. Solo había escuchado historias familiares de escasa entidad: la admiración de mi madre por Batlle y Ordóñez, vagas referencias de la admiración de mi padre por Emilio Frugoni, y otras historias breves, como  un banquete en el Parque Hotel donde entró la tropa de Gabriel Terra apuntando a los comensales con sus fusiles, y mi tía abuela, vasca hasta la médula,  se negaba a levantar los brazos.
            Más por espíritu aventurero que por convicción política, en 1958 me sumé un par de veces a las manifestaciones por la autonomía universitaria.
Los consabidos gases lacrimógenos, la policía a caballo corriendo por las veredas y todo eso, pero el mayor asombro fue comprobar que la policía, o sea el Estado, a través de la prensa que narraba los incidentes,  mentía descaradamente. Para mí hasta ese momento el Estado era una entidad superior, impoluta, regida por leyes  justas e inmutables  y ejercidas por gobernantes perfectos. Hubo una manifestación relámpago de 500 obreros y estudiantes por 18 de Julio que fue dispersada por agentes de Investigaciones vestidos de particular. Al día siguiente la Jefatura informó que éramos 50 y que habíamos provocado la represión tirando piedras. Comenté el asunto con  mi  amigo Roberto, inteligentísimo estudiante de derecho y me dijo: “¿nunca pensaste que las leyes y las instituciones, como la policía, son un invento de una clase  para explotar a otra?” Todavía sin saber si fue una bendición o una desgracia, esa fue mi primera aproximación al marxismo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario