viernes, 20 de enero de 2017

CUBA

Entré a Facultad de Arquitectura en 1959, y ese primer año salvé varias materias con muy buenas notas pero enseguida me vi arrastrado por la actividad gremial y la militancia política. En 1959  Fidel Castro, después de varios años de lucha armada en las montañas, derrocó  al dictador  Batista. La imagen de Fidel, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara,  jóvenes y lindos,  con sus barbas y melenas románticas entrando en la Habana encima de un tanque de guerra, conmovió a buena parte de mi generación    y nos  arrastró en la marea revolucionaria de los años sesenta.  La Facultad era de las más revoltosas de la Universidad. Cuando vino Eisenhower, héroe de la Segunda Guerra Mundial, pasó por Bulevar Artigas y desde el techo le descolgaron un cartel inmenso con la clásica diatriba  contra el imperialismo yanqui. En esos años participé en infinitas manifestaciones relámpago en defensa de la Revolución Cubana, al grito de “Cuba sí, yanquis no” y otra consigna mucho peor, que hoy recuerdo con  infinita vergüenza: “¡Que suba, que suba, gobierno como en Cuba!”. Una manifestación relámpago consistía en pasar de boca en boca, entre todos los militantes de la FEUU, una esquina y una hora determinadas, para irrumpir de golpe en 18 y marchar  tres o cuatro cuadras hasta que llegara la policía.  Interrumpíamos el tránsito de 18 de Julio casi todos los días. Los compañeros omnibuseros nos odiaban y los policías también, más por las horas extras que tenían que trabajar para enfrentarnos, que por razones ideológicas. Pero yo con 20 años me sentía extraordinario, coprotagonista de la historia, miembro de la vanguardia esclarecida del pueblo uruguayo al que había que despertar de la alienación capitalista y conducirlo hacia el socialismo. Qué época  linda de mi vida: volver a Facultad, al día siguiente de una manifestación,  con la cabeza vendada a  causa de algún palazo, ante la admiración de los profesores y las chicas de la clase.



No hay comentarios:

Publicar un comentario